jueves, 29 de mayo de 2025

Confío en mi raíz



Confío en mi raíz,
aunque el viento me sacuda,
aunque las palabras ajenas
sean flechas lanzadas a ciegas.

Yo sé de dónde vengo.
No de la murmuración,
no de las risas fáciles que se burlan,
no del juicio escondido tras sonrisas fingidas.

Vengo del respeto a la palabra,
de una casa donde el silencio era enseñanza
y la generosidad, norma sagrada.
Aprendí que se da lo que se tiene,
no lo que sobra.
Que servir no es debilidad,
es un altar secreto.

Mi padre fue luz en la calle,
a veces sombra en el hogar,
pero nunca dejó de extender la mano.
Mi madre, con su voz recia y justa,
me enseñó a dar sin miedo,
a compartir pan aunque el hambre amenazara.

Y sí, hoy me duele.
Me duele la sospecha que me lanzan,
el eco de voces que no buscan verdad,
sino escándalo.
Me duele no poder confiar sin reservas,
como quien cuida una herida que aún sangra.

Pero he puesto mis matemáticas en manos de Dios,
y no hay cálculo más exacto que su providencia.
Cuando el miedo me sacude,
cuando el alma se cansa de explicarse,
recuerdo: mi fidelidad es mi camino.

Yo no soy lo que ellos piensan.
Soy lo que Dios ve cuando callo.
Soy lo que hago cuando nadie me aplaude.
Soy la hija del servicio y la verdad.
Soy Rocío.
Soy raíz, soy llama,
aunque haya niebla.


Rocio ©

29/05/2025

sábado, 10 de mayo de 2025

Carta a mi Yo que ya sabe



Amada mía,
tú que ya habitaste lo que hoy apenas intuyo,
yo te saludo desde este presente que aún se enreda.
Te escribo no para pedir certezas,
sino para recordar que somos una,
aunque la distancia del tiempo nos confunda.

Sé que sabes lo que ahora me desvela.
Sé que caminaste descalza por esta misma duda
y que encontraste tierra firme donde yo veo niebla.
Por eso te escribo:
para que me susurres lo que aún no puedo ver,
para que me sostengas cuando crea que caigo,
para que me enseñes a confiar en la danza invisible de la vida.

¿En qué momento dejé de jugar sin miedo?
¿En qué rincón de mi cuerpo se guarda la ternura que me salvó tantas veces?
Muéstramelo.
No con palabras ruidosas,
sino con señales suaves, con sueños,
con silencios que se sienten como abrazos.

Yo te honro, aunque aún no te alcance.
Te llamo, aunque aún no entienda cómo responderás.
Y me comprometo a abrirme,
a dejar espacio en mi día, en mi noche, en mi pecho,
para que tu verdad me atraviese sin herirme.

Gracias por esperarme.
Gracias por no rendirte cuando yo dudo.
Gracias por seguir siendo yo,
más allá del miedo, más allá del tiempo,
más allá de todo lo que creí imposible.

Con amor profundo,
Rocío,
la que recuerda.
10/05/2025


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