miércoles, 4 de diciembre de 2013

Dejar ir

¿Cuánto debemos dejar ir?”, me preguntó una amiga un día.

“No estoy segura”, le contesté, “pero tal vez todo”.

Dejar ir es un proceso espiritual, emocional, mental y físico, y a veces un misterioso proceso metafísico de soltarle a Dios y al universo aquello a lo que nos estamos aferrando tanto.

Dejamos ir nuestro sostenernos de la gente, de los resultados, de las ideas, sentimientos, deseos, necesidades, de todo. Dejemos ir nuestro tratar de controlar nuestro progreso en la recuperación. Sí, es importante reconocer y aceptar lo que queremos y lo que queremos que suceda. Pero es igualmente importante que a continuación lo dejemos ir.

Dejar ir es la parte de acción de la fe. Es una conducta que le da permiso a Dios y al universo de enviarnos lo que nos toca tener.

Deja ir significa que reconozcamos que aferrarnos con tantas fuerzas no nos está ayudando a resolver el problema, a cambiar a la persona o a obtener el resultado que deseamos. No nos está ayudando a nosotros. De hecho, aprendemos que el aferrarnos a veces nos impide obtener lo que queremos y necesitamos.

¿Quiénes somos nosotros para decir que las cosas no están ocurriendo exactamente como necesitan suceder?

Hay magia en el dejar ir. A veces obtenemos lo que queremos poco después de que lo hemos dejado ir. A veces lleva más tiempo. A veces el resultado específico que deseamos no ocurre. A veces sucede algo mejor.

Dejar ir nos libera y nos conecta con nuestra Fuente.

Dejar ir crea el ambiente óptimo para los mejores resultados y soluciones posibles.


Hoy me relajaré. Dejare ir lo que más me está perturbando. Confiaré en que al dejarlo ir, he empezado a poner las ruedas en movimiento para que las cosas se resuelvan de la mejor manera posible.
Tomado del lenguaje del Adiós de Melody Beattie

jueves, 28 de noviembre de 2013

Obsesión

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. Perdemos el control.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Amor y Fe palabras llenas de realidad


La fe no es algo que  tú puedas alcanzar. Si la tratas de sujetar con clavos, se levanta y se va con el clavo. La fe funciona de la siguiente manera: hay días en los que eres capaz de caminar sobre las aguas, y otros días te hundes como una piedra. Vives con un profundo secreto, dice el poeta Rumi, que en ocasiones conoces y de repente no, y entonces lo vuelves a conocer. Algunas veces la sientes realmente presente y otras realmente ausente. ¿Por qué?

Porque como el amor, la fe es un viaje, con constantes subidas y bajadas, con periodos alternativos de fervor y sequedad, con consolaciones que son el camino a la desolación, con momentos de gracia en los que Dios se siente tangiblemente presente eclipsado por las noches oscuras en las que se siente la ausencia de Dios. Es un estado extraño: a veces te sientes con la mirada clavada en Dios, como el acero, otras sientes que estás en caída libre de toda seguridad y entonces, justamente cuando crees que has llegado al fondo, sientes de nuevo la presencia de Dios.
¿Por qué la fe tiene esta dinámica tan confusa? No es porque Dios sea cruel, esté jugando con nosotros, quiera probar nuestra fidelidad, o quiera ponernos algunas dificultades para poder ganarnos la salvación. No, las subidas y bajadas en la vida de fe tienen que ver con los ritmos de la vida ordinaria, especialmente con el ritmo del amor. El amor, como la fe, también tiene sus periodos de fervor y sus noches oscuras. Todos nosotros sabemos que en el seno de cualquier compromiso a largo plazo (matrimonio, familia, amistad o iglesia) habrá ciertos días y periodos enteros en los que nuestra cabeza y nuestro corazón no están en el compromiso realizado, incluso estando plenamente centrados en él. Nuestras cabezas y nuestros corazones entran y salen, pero  experimentamos el amor como algo definitivo que está por encima de nuestra cabeza y muestro corazón.  Algo más profundo nos sostiene, y nos sostiene en un momento dado más allá de los pensamientos de nuestra cabeza o de los sentimientos de nuestro corazón.

En cualquier compromiso sustentando en el amor, nuestras mentes y nuestros corazones experimentarán algo así como lo que en el mundo del sonido se llama un fundido de entrada y un fundido de salida. Algunas veces hay fervor y en otras todo es plano. La fe funciona de la misma manera. Algunas veces sentimos y palpamos la presencia de Dios son nuestra mente y nuestro corazón y otras ambas nos abandonan dejándonos planos y secos. Pero la fe es algo más profundo que imaginar o sentir la presencia de Dios. Pero ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué deberíamos hacer en esos momentos cuando sentimos la ausencia de Dios?
El gran místico San Juan de la Cruz nos ofrece el siguiente consejo. Si quieres encontrar la presencia de Dios de nuevo, en esos momentos cuando se siente su ausencia, escucha una palabra llena de realidad e insondablemente verdadera.
¿Qué quiere decirnos con esto? ¿Cómo se escucha esa palabra llena de realidad y de insondable verdad? ¿Cómo podemos siquiera encontrar dicha palabra? Para ser honestos, no estoy seguro de lo que San Juan de la Cruz quiere decir inclusive si sus palabras explotaran dentro de mi cabeza con posibles significados. La frase podría ser fácil de desenredar si nos estuviera invitando a buscar una experiencia que sea profunda y plena de realidad; por ejemplo, dar a luz a un niño, sentirse cautivado por una belleza excepcional, o tener tu corazón roto por una pérdida o una muerte. Esta clase de experiencias es real, insondablemente verdadera y nos lanza a una conciencia más profunda; así, si es posible encontrar a Dios ¿no debería encontrarse aquí?
Pero San Juan de la Cruz no está refiriéndose a una experiencia más profunda; nos pide que busquemos una palabra que traiga consigo realidad y profundidad. ¿Significa esto que cuando nos sentimos inestables y en duda deberíamos ir a la caza de textos (en la escritura, en la teología, en la espiritualidad, o en la literatura secular o en la poesía) que nos hablen de tal manera que nos establezcamos en una especie de sentido primario de que Dios existe y nos ama y que por ello deberíamos vivir en el amor y la esperanza?
Sospecho que esto es exactamente lo que San Juan de la Cruz quiere decir. Dios es uno, verdadero, bueno y bello y por eso la palabra correcta para hablar de la unidad, la verdad, la bondad o la belleza debería tener el poder de transformar nuestras inestables mentes y corazones. La palabra correcta puede hacer que la Palabra se haga carne de nuevo. Pero ¿qué palabras tienen el poder de hacer esto en nosotros? Todos somos diferentes y no encontramos la verdad y la profundidad de la misma manera. Cada uno de nosotros necesita necesariamente hacer su propia, profunda y personal búsqueda.
Para mí, las palabras de varios autores me han llevado en ocasiones y en diferentes momentos de mi vida a este tipo de convicción. La “Historia de un Alma” de Teresa de Lisieux me han dado estabilidad en momentos de duda; “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aún guían mi mirada cuando el horizonte aparece nublado; algunas páginas de Karl Rahner, John Shea, Raimond Brown y Henry Nuowen pueden ayudar a estabilizar mi barco cuando se balancea; y algunas palabras de Dag Hammarskjold puede hacer que quiera vivir reflejando más la grandeza de la vida.

Pero cada uno de nosotros necesita buscar sus propias palabras que estén llenas de realidad y sea, insondablemente verdadera de manera que nos evoquen un sentimiento y presencia de Dios.
Texto publicado por Cuidad Redonda

jueves, 21 de noviembre de 2013

Palabra Magica: Perdoname

Perdonar más que ser perdonados.
Qué fácil es hablar del perdón, pero que difícil es darlo.
Algunas veces deseamos castigar a dicha persona, pero quienes salen más castigados somos nosotros mismos y para liberarnos es necesario renunciar a esos sentimientos dolorosos que no son nuestros, sino que son de quien nos hizo daño, y hay que dejarlos ir.
Cuándo sucede esto, me pregunto, ¿qué hubiera yo hecho en lugar de la otra persona que me hizo daño, si yo hubiera estado en la misma situación y circunstancias?
Casi siempre concluyo que en ese momento, lo que hizo esa persona fue su mejor opción para él, aunque no para mí, y lo que la otra persona hizo fue sólo protegerse, no fue su intención hacerme daño.
¿Acaso no hice sentir yo alguna vez a otra persona de la misma manera?
¿Estaré pensando que mis sentimientos valen más que los de la otra persona?

Y de ahí viene la siguiente reflexión:
Me siento herido, pero eso no significa que la otra persona sea mala o en verdad quiera hacerme daño. Simplemente la otra persona no conoce toda mi vida ni mi pasado, igual que yo no conozco el suyo, y no sabe lo que traigo guardado en mi historia personal.

El perdón no se pide, se da... Y la razón más importante para darlo es que me libero de una gran carga.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

DATE UNA TREGUA


Cuando el corazón se canse de sufrir y la voluntad de batallar y el alma de esperar; date una tregua.  También las hojas cabecean ante el sopor del sol, la lumbre se hace brasa, las estrellas se ocultan, los pájaros se duermen y el paisaje se desvanece.  No pares el motor de tu vida, dale una tregua, no para desistir, sino para reponerte.  No para claudicar, sino para reparar fuerzas.  No para quedarte parado, sino para revisar detrás de tu horizonte y empezar a configurarte y a planear detrás de la tregua.
El agobio es un polvo que asfixia; la fatiga una niebla que ciega; las tensiones, un estirar que explota; la falta de tiempo un desasosiego que acelera; los contratiempos diarios, pequeños impactos que enervan.  Cuando se acumulen mucho tus nervios y tu resistencia, date una tregua; pero no desistas, no te amargues, no te destruyas; aunque cueste seguir en pie, date una tregua; pero vuelve a crecer, vuelve a cosechar, vuelve luchar; vuelve a la brega diaria, pero sin sombra en el espíritu, sin flaquezas en el ánimo, sin desfallecimiento en el corazón.
Si tienes capacidad para el amor, gratitud en el alma; voluntad para servir, alcance en la inteligencia, de ti mismo brotará la recuperación.  Por alguna de esas corrientes volverán a fluir el deseo, las ganas, el impulso.  Llevas dentro el manantial, la fibra, el motivo que te hará decir; derrumbamiento y derrota: no; un esfuerzo y un Dios: sí.
Y más allá de las fronteras que vives ahora, verás florecer de nuevo tu vida, levantarse de nuevo tu árbol y agigantarse de nuevo tu figura.  Pon tus alas sobre la cabeza, pero déjales espacio para remontarse; pon tus sueños en los pies, pero dales un largo recorrido de huellas divinas; pon tus ambiciones en la tierra, pero mirando el cielo y poniendo la meta en alguna estrella encendida.

Ponte en las manos de Dios; date una tregua para nivelarte, y encontrarás que la vida tiene muchas bellezas y que tienes ganas de vivirla. 

martes, 12 de noviembre de 2013

Y... sueño


En un espejo de agua miró su rostro

Y quiso mirar más lejos,

al tiempo desconocido

a través de la neblina del futuro.

Serró los ojos

Y soñó una historia,

donde las palabras acariciaban,

la paz era un perfume,

y la luz la alimentaba.

Pero nada era así…

Silencio…

Distancia…

Y sentimiento

Fueron para ella la realidad

Y no su sueño.
Rocio

domingo, 10 de noviembre de 2013

Reflejo


El club de los poetas suicidas - Fragmento

25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik deambula en la noche eterna a la que se ha exiliado, sufre cada segundo de lo que otros llaman vida, todo le conmueve y la abruma, nadie comprende el por qué su piel es tan permeable a la desesperación.

Pero allí esté la amargura continua, las rutinas del aire que se empeña en entrar a sus pulmones, el sol que amenaza con levantarse terco sobre un horizonte que ya no sabe distinguir. Quiere huir, de este mundo, de sí misma, de esa conciencia que la hace abrir los ojos y ver de frente las sombras que acompañan a los seres que pueblan su universo de amargura. Toma al frasco de barbitúricos, ese que ha mirado tantas veces en las noche que aturden su silencio. ¿Por qué no? ¿Para qué seguir? ¿Cual| es el sentido en un mundo donde la maldad subsiste a inmola al deseo? Solo una más, piensa hasta quedarse dormida, inconsciente y por primera vez en paz, en esa noche que la oculta para siempre de sí misma.
 


La noche

poco se de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con las estrellas.

 

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,

tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos araña el alma con sus recuerdos.

 

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

sabiéndolas llenas de interés, de desencuentros.

 

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

 

Alguna vez volveremos a ser
 

                                         Pero no en esta vida
 

 
Articulo completo por Mercedes Mayol

Revista Justa de noviembre

 pág. 24
 
 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Siento


Siento en ocasiones, 

Que se va mi fragancia

Que la esencia de mi ser se hace sombría

Que la alegría es solo un sueño

Y la riza el ruido que ahuyenta el silencio

Siento

Que mis motivaciones se desprenden

Como pétalos marchitos

Quedando solo las espinas

Que se hincan en la piel

Siento...

 No quiero sentir

Sintiendo a pesar de mí

 Y sin importar lo que siento

Siento sin querer sentir.
Rocio

viernes, 25 de octubre de 2013

Ser Mistico hoy


"Hoy, como en todos los tiempos, un místico es alguien tan necesario como inútil para su generación. Es inútil porque no produce nada y lo que ofrece no se puede comprar ni vender. No tiene precio en el mercado. Se escapa a quien lo quiere prender y confunde a quien lo quiere comprender. Por ello hay que apartarlo, porque se interpone entre la inmediatez de lo que hay que lograr y producir. El místico dice: lo que verdaderamente es, ya existe. Sólo hay que aprender a percibirlo. Molesta también a la institución, porque la relativiza y le recuerda que el cielo que ha pintado en el interior de sus bóvedas no es el cielo abierto auténtico.

Pero, a la vez, su presencia es indispensable porque señala un modo de existencia que anhelan todos los seres y las mismas instituciones. Ha nacido para alentar la llama sagrada que arde en todos y en todo. El fuego del místico es diferente al del profeta. Éste señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es. El profeta habla del todavía no, mientras que el místico habla del ya sí. Ambas cosas son necesarias.

Parafraseando a Raimon Panikkar, “el místico no es el que tiene esperanza del futuro sino de lo Invisible”.

El místico no es ingenuo, sino inocente. La ingenuidad es una inmadurez que hace ciegas y torpes a las personas, porque les impide confrontarse con los elementos oscuros de la realidad y de sí mismos, mientras que el inocente lo ve todo, lo percibe todo y, sin echarse atrás, se entrega.

Otra de las cosas propias del místico es su capacidad de conjugar paradojas. Por un lado, es alguien exquisitamente cercano a las personas y a sus situaciones, pero también resulta inalcanzable, retirado en una extraña lejanía. Estando plenamente presente, está también ausente. Se halla en otro Lugar, y cuando está en otro lugar, se percibe su presencia. Su hablar es silente y con su callar, habla. Las palabras son sagradas para él -o ella-; por eso no las malgasta. Y por ello también sabe escuchar, y entiende lo que los demás no entendemos. Habla, mira, comprende desde un lugar diferente; a veces, tan diferente, que parece locura. Pero su locura no es más que el choque que produce en nosotros su anticipación de Realidad.

Ama cada objeto, cada planta, cada pétalo, y queda fascinado por ellos, pero, a la vez, puede prescindir de ello. Todo él es ternura, pero también vigor, como dice Leonardo Boff sobre Francisco de Asís. Es frágil y fuerte a la vez. No puede soportar el dolor de los pequeños. Ve desde ellos y para ellos, y su oración es siempre por ellos.

Es concreto, arraigado en su tiempo y en su lugar, capaz de un hablar sencillo y de poner ejemplos que los más pequeños comprenden, y a la vez, es universal, porque percibe lo que atañe a la condición común de los humanos. Ve la parte en el todo y el todo en la parte. Podríamos decir que tiene un instinto fractal, que es tal como hoy los científicos comprenden que está constituido el entramado de la realidad.

Es de una libertad soberana pero, a la vez, está al servicio de todos, porque percibe la irrepetibilidad de cada persona y de cada cosa, y ello le hace caminar por tierra sagrada. Acoge a cada ser como una epifanía y, estremecido, se somete libremente porque sabe que su yo no le pertenece, sino que es sólo receptáculo y testigo de las existencias ajenas.

Ama su tradición, aquella que le ha nutrido y le ha guiado, pero no hace un absoluto de ella. Sabe que “ser original es retornar a los orígenes” (Gaudí), no para repetirlos sino para recrearlos. Y el origen de cada tradición está más allá de ella misma, antes de que surgiera. Conoce el camino de la Fuente, “aunque es de noche”. Su fe es transconfesional, porque sabe que la existencia está atravesada de Presencia y ello es lo que celebran todas las tradiciones. Se alegra con ellas, por su diversidad y su riqueza.

Como un compás, con un pie está arraigado en su propio centro, y con el otro recorre los círculos de la alteridad. Este centro no es sólo el de la tradición a la que pertenece, sino que es un Centro más hondo que, descentrándole, le recentra.

Todo él está vacío. Su existencia es un pasaje por el que otros transitan para descubrirse a sí mismos. Como un icono, su sola presencia ayuda a los que le rodean a descubrir la hondura que les habita. Él sólo calla y ve. Y su alegría, tanto como su nostalgia, son inmensas."

(Javier Melloni)

 

miércoles, 23 de octubre de 2013

El Lastre Emocional

Las angustias de mi corazón se han aumentado: sácame de mis congojas (Salmo 25:17).
El lastre emocional del pasado siempre está ahí, al contrario de las emociones diarias que son producto de nuestros pensamientos también diarios. Los años de exposición y experiencia del vivir han cavado surcos en nuestra memoria, los que son tocados por los hechos actuales.
 Por ejemplo, si su abuelo amoroso y bueno se llamaba Juan, usted reaccionará, probablemente, con una emoción favorable a otros que se llamen así. Pero si el matón de la escuela se llamaba Juan, es probable que su reacción inicial a los Juanes sea negativa. Si su cónyuge sugiere ponerle ese nombre al primogénito de ustedes, puede que usted llegue a exclamar: «¡Ni muerto!»
Yo llamo emociones primarias a estas emociones de largo plazo que acechan bajo la superficie. La intensidad de sus emociones primarias está determinada por su biografía. Mientras más traumática haya sido su experiencia, más intensa será su emoción primaria. Muchas de estas emociones primarias yacen dormidas y surten poco efecto en su vida hasta que algo que pasa las activa ¿Le ha sucedido que usted ha empezado a hablar de algo, y esto que molestó a alguien de tal modo que se fue dando portazos y dejándole a usted con la pregunta «Pero, ¿qué le pasó?»?. Esa persona se violentó debido a una mala experiencia pasada que su tema de conversación reactivó. El estímulo reactivador es cualquier hecho presente que la persona asocie con su conflicto pasado.
 Muchos tratan de controlar sus emociones primarias evitando a las personas y hechos que las reactivan pero usted no puede aislarse por completo de todo lo que pudiera reactivar sus emociones. Usted tendrá que ver algo en la televisión o escuchar algo que se dice que le traiga a su mente esa experiencia desagradable. Usted debe aprender a resolver los conflictos pasados o el lastre emocional se acumulará y el pasado dominará su vida.
 Consideraremos maneras de solucionar el lastre emocional del pasado en los siguientes días.
Señor, no quiero que me dominen los hechos del pasado. Muéstrame cómo puedo resolver estos asuntos para poder caminar libre hoy.
Dr. Neil T.Anderson
 

martes, 22 de octubre de 2013

¿Te gustan los abrazos?

Vamos a platicar de los abrazos, ¿te gusta que te abracen? ¿Tu abrazas?. El abrazo es gratificante y puede decir en esa sola acción lo que muchas veces con palabras no logramos trasmitir, Hoy abracemos, achuchemos, acariciemos a todos los que amamos,  hoy no te vayas a la cama sin haber dado un gran abrazo a alguien…

Se dice que necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 para mantener nuestro equilibrio emocional y 12 para recorrer el camino del crecimiento.

1- Al arroparnos, un abrazo nos proporciona seguridad y confianza.

2- Nos proporcionan consuelo y por ello nos ayudan a recuperarnos de la nostalgia y la tristeza.

3- Favorecen la expresión emocional no verbal, nos ayuda a comunicarnos sin palabras.

4- Rebajan el nivel de estrés y la angustia.

5- Nos ayudan a conectar con los demás, facilitando la comunicación afectiva y el sentimiento de empatía.

6- Al generar bienestar, mejora nuestro humor y ahuyentamos el pesimismo.

7- Son de gran ayuda para superar bloqueos físicos o emocionales.

8- Dejamos de sentirnos solos para sentirnos sostenidos.

9- Generan un sentimiento de agradecimiento.

10- Cada vez que damos un abrazo… ¡recibimos otro!

Mahatma Gandhi decía....

 "En el silencio, el alma descubre el camino bajo una luz más clara y aquello que parecía ser evasivo se manifiesta con la transparencia del cristal"

 Que tengas un día maravilloso lleno de manifestaciones tan claras como el cristal,..... ¿Ya recibiste y diste un primer abrazo hoy.

Que esperas para empezar a dar y recibir abrazos!!!

 


lunes, 21 de octubre de 2013

Himno

 
 
Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar. 
 
Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal
ni olvide que existes tú.
 
Que, cuando llegue el dolor,
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor,
ni se me nuble la paz.
 
Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará.
 Amén.
 
 
 
 

viernes, 11 de octubre de 2013

Me pregunto...

Foto: Carlos Duran

Cuando estén…

Esas habitaciones vacías

Aquellos platos sin comensales

Una mañana sin las preguntas de siempre

Y las tardes sin café

¿Cómo será?

Me pregunto…

Rocío ©

miércoles, 9 de octubre de 2013

Uno Crece


Imposible atravesar la vida…

Sin que un trabajo salga mal hecho,

Sin que una amistad cause decepción,

Sin padecer algún quebranto de salud,

Sin que nadie de la familia fallezca,

Sin que un amor nos abandone…

Sin equivocarse en un negocio.

Ese es el costo de vivir.

Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino como reaccionamos nosotros…

Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla.

Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás… construyendo y proyectando lo que tiene por delante.

Crece cuando se supera, se valora, y da frutos.

Cuando abre camino dejando huellas, asimilando experiencias…

¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes… cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento… ¡Y humano por nacimiento!..

Cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe….

Uno crece cuando se planta para no retroceder… cuando se defiende como águila para no dejar de volar…

Cuando se clava como ancla en el mar y se ilumina como estrella.

Entonces… Uno Crece

 

jueves, 19 de septiembre de 2013

EL CRISTO DE LA ERMITA


Cuenta una leyenda Noruega que en la edad media… 
El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se veneraba un crucifijo de mucha devoción.
Este crucifijo recibía  el nombre, bien significativo de "Cristo de los Favores". Todos acudían allí para pedirle al Santo Cristo.

Un  día el ermitaño Haakon quiso pedirle  un favor.  Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló  ante  la  imagen y le dijo, "Señor, quiero padecer  por  ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La Cruz."  Y se quedó fijo con  la  mirada  puesta en  la  Sagrada Efigie, como esperando la respuesta. 

El Crucificado abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes   y amonestadoras: 

-         "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."
-          Cuál, Señor??, - preguntó  con  acento suplicante Haakon.
-         Es una condición difícil.
-         Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor, -respondió el viejo ermitaño.
-         Escucha : suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre silencio.
-         Haakon contestó: Os, lo prometo, Señor.

 Y  se  efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño,  colgado  de  cuatro clavos  en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon.  Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.

Los devotos seguían desfilando pidiendo favores.  Pero un día, llegó un rico, después de haber orado,  dejó allí olvidada su cartera.  Haakon  lo  vió  y  calló.
Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después,  se apropió de  la  cartera  del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho  se postró  ante  él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de
la bolsa.  Al no hallarla, pensó que el muchacho se a había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:


-          Dame la bolsa que me has robado!. -El joven sorprendido, replicó
-         No he robado ninguna bolsa.
-          No mientas, devuélmela enseguida!.
-         Le repito que no he cogido ninguna bolsa, afirmó el muchacho. El rico arremetió , furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:

-          "Detente! El  rico  miró hacia arriba y vió que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer  en silencio, grito, defendió al joven, increpó al rico por la falsan acusación. Este  quedó anonadado, y salió de la ermita.  El joven salió también porque tenía prisa
para emprender su viaje. 
Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: 

-         Baja de la Cruz. No sirves  para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.
-          Señor, dijo Haakon, "Cómo iba a permitir esa injusticia?.
Se  cambiaron  los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño que quedó ante el Crucifijo.
El Señor, clavado, siguió hablando.
-         Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo. Y la sagrada imagen del crucificado guardó silencio.

Y HASTA AQUÍ LA LEYENDA NORUEGA, TAN SIGNIFICATIVA "DIOS CALLA, Y CUANDO HABLA, SUS PALABRAS NO DESTRUYEN DEL TODO."

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