domingo, 10 de noviembre de 2013

Reflejo


El club de los poetas suicidas - Fragmento

25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik deambula en la noche eterna a la que se ha exiliado, sufre cada segundo de lo que otros llaman vida, todo le conmueve y la abruma, nadie comprende el por qué su piel es tan permeable a la desesperación.

Pero allí esté la amargura continua, las rutinas del aire que se empeña en entrar a sus pulmones, el sol que amenaza con levantarse terco sobre un horizonte que ya no sabe distinguir. Quiere huir, de este mundo, de sí misma, de esa conciencia que la hace abrir los ojos y ver de frente las sombras que acompañan a los seres que pueblan su universo de amargura. Toma al frasco de barbitúricos, ese que ha mirado tantas veces en las noche que aturden su silencio. ¿Por qué no? ¿Para qué seguir? ¿Cual| es el sentido en un mundo donde la maldad subsiste a inmola al deseo? Solo una más, piensa hasta quedarse dormida, inconsciente y por primera vez en paz, en esa noche que la oculta para siempre de sí misma.
 


La noche

poco se de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con las estrellas.

 

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,

tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos araña el alma con sus recuerdos.

 

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

sabiéndolas llenas de interés, de desencuentros.

 

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

 

Alguna vez volveremos a ser
 

                                         Pero no en esta vida
 

 
Articulo completo por Mercedes Mayol

Revista Justa de noviembre

 pág. 24
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Colaboradores