jueves, 28 de noviembre de 2013

Obsesión

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. Perdemos el control.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Amor y Fe palabras llenas de realidad


La fe no es algo que  tú puedas alcanzar. Si la tratas de sujetar con clavos, se levanta y se va con el clavo. La fe funciona de la siguiente manera: hay días en los que eres capaz de caminar sobre las aguas, y otros días te hundes como una piedra. Vives con un profundo secreto, dice el poeta Rumi, que en ocasiones conoces y de repente no, y entonces lo vuelves a conocer. Algunas veces la sientes realmente presente y otras realmente ausente. ¿Por qué?

Porque como el amor, la fe es un viaje, con constantes subidas y bajadas, con periodos alternativos de fervor y sequedad, con consolaciones que son el camino a la desolación, con momentos de gracia en los que Dios se siente tangiblemente presente eclipsado por las noches oscuras en las que se siente la ausencia de Dios. Es un estado extraño: a veces te sientes con la mirada clavada en Dios, como el acero, otras sientes que estás en caída libre de toda seguridad y entonces, justamente cuando crees que has llegado al fondo, sientes de nuevo la presencia de Dios.
¿Por qué la fe tiene esta dinámica tan confusa? No es porque Dios sea cruel, esté jugando con nosotros, quiera probar nuestra fidelidad, o quiera ponernos algunas dificultades para poder ganarnos la salvación. No, las subidas y bajadas en la vida de fe tienen que ver con los ritmos de la vida ordinaria, especialmente con el ritmo del amor. El amor, como la fe, también tiene sus periodos de fervor y sus noches oscuras. Todos nosotros sabemos que en el seno de cualquier compromiso a largo plazo (matrimonio, familia, amistad o iglesia) habrá ciertos días y periodos enteros en los que nuestra cabeza y nuestro corazón no están en el compromiso realizado, incluso estando plenamente centrados en él. Nuestras cabezas y nuestros corazones entran y salen, pero  experimentamos el amor como algo definitivo que está por encima de nuestra cabeza y muestro corazón.  Algo más profundo nos sostiene, y nos sostiene en un momento dado más allá de los pensamientos de nuestra cabeza o de los sentimientos de nuestro corazón.

En cualquier compromiso sustentando en el amor, nuestras mentes y nuestros corazones experimentarán algo así como lo que en el mundo del sonido se llama un fundido de entrada y un fundido de salida. Algunas veces hay fervor y en otras todo es plano. La fe funciona de la misma manera. Algunas veces sentimos y palpamos la presencia de Dios son nuestra mente y nuestro corazón y otras ambas nos abandonan dejándonos planos y secos. Pero la fe es algo más profundo que imaginar o sentir la presencia de Dios. Pero ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué deberíamos hacer en esos momentos cuando sentimos la ausencia de Dios?
El gran místico San Juan de la Cruz nos ofrece el siguiente consejo. Si quieres encontrar la presencia de Dios de nuevo, en esos momentos cuando se siente su ausencia, escucha una palabra llena de realidad e insondablemente verdadera.
¿Qué quiere decirnos con esto? ¿Cómo se escucha esa palabra llena de realidad y de insondable verdad? ¿Cómo podemos siquiera encontrar dicha palabra? Para ser honestos, no estoy seguro de lo que San Juan de la Cruz quiere decir inclusive si sus palabras explotaran dentro de mi cabeza con posibles significados. La frase podría ser fácil de desenredar si nos estuviera invitando a buscar una experiencia que sea profunda y plena de realidad; por ejemplo, dar a luz a un niño, sentirse cautivado por una belleza excepcional, o tener tu corazón roto por una pérdida o una muerte. Esta clase de experiencias es real, insondablemente verdadera y nos lanza a una conciencia más profunda; así, si es posible encontrar a Dios ¿no debería encontrarse aquí?
Pero San Juan de la Cruz no está refiriéndose a una experiencia más profunda; nos pide que busquemos una palabra que traiga consigo realidad y profundidad. ¿Significa esto que cuando nos sentimos inestables y en duda deberíamos ir a la caza de textos (en la escritura, en la teología, en la espiritualidad, o en la literatura secular o en la poesía) que nos hablen de tal manera que nos establezcamos en una especie de sentido primario de que Dios existe y nos ama y que por ello deberíamos vivir en el amor y la esperanza?
Sospecho que esto es exactamente lo que San Juan de la Cruz quiere decir. Dios es uno, verdadero, bueno y bello y por eso la palabra correcta para hablar de la unidad, la verdad, la bondad o la belleza debería tener el poder de transformar nuestras inestables mentes y corazones. La palabra correcta puede hacer que la Palabra se haga carne de nuevo. Pero ¿qué palabras tienen el poder de hacer esto en nosotros? Todos somos diferentes y no encontramos la verdad y la profundidad de la misma manera. Cada uno de nosotros necesita necesariamente hacer su propia, profunda y personal búsqueda.
Para mí, las palabras de varios autores me han llevado en ocasiones y en diferentes momentos de mi vida a este tipo de convicción. La “Historia de un Alma” de Teresa de Lisieux me han dado estabilidad en momentos de duda; “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aún guían mi mirada cuando el horizonte aparece nublado; algunas páginas de Karl Rahner, John Shea, Raimond Brown y Henry Nuowen pueden ayudar a estabilizar mi barco cuando se balancea; y algunas palabras de Dag Hammarskjold puede hacer que quiera vivir reflejando más la grandeza de la vida.

Pero cada uno de nosotros necesita buscar sus propias palabras que estén llenas de realidad y sea, insondablemente verdadera de manera que nos evoquen un sentimiento y presencia de Dios.
Texto publicado por Cuidad Redonda

jueves, 21 de noviembre de 2013

Palabra Magica: Perdoname

Perdonar más que ser perdonados.
Qué fácil es hablar del perdón, pero que difícil es darlo.
Algunas veces deseamos castigar a dicha persona, pero quienes salen más castigados somos nosotros mismos y para liberarnos es necesario renunciar a esos sentimientos dolorosos que no son nuestros, sino que son de quien nos hizo daño, y hay que dejarlos ir.
Cuándo sucede esto, me pregunto, ¿qué hubiera yo hecho en lugar de la otra persona que me hizo daño, si yo hubiera estado en la misma situación y circunstancias?
Casi siempre concluyo que en ese momento, lo que hizo esa persona fue su mejor opción para él, aunque no para mí, y lo que la otra persona hizo fue sólo protegerse, no fue su intención hacerme daño.
¿Acaso no hice sentir yo alguna vez a otra persona de la misma manera?
¿Estaré pensando que mis sentimientos valen más que los de la otra persona?

Y de ahí viene la siguiente reflexión:
Me siento herido, pero eso no significa que la otra persona sea mala o en verdad quiera hacerme daño. Simplemente la otra persona no conoce toda mi vida ni mi pasado, igual que yo no conozco el suyo, y no sabe lo que traigo guardado en mi historia personal.

El perdón no se pide, se da... Y la razón más importante para darlo es que me libero de una gran carga.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

DATE UNA TREGUA


Cuando el corazón se canse de sufrir y la voluntad de batallar y el alma de esperar; date una tregua.  También las hojas cabecean ante el sopor del sol, la lumbre se hace brasa, las estrellas se ocultan, los pájaros se duermen y el paisaje se desvanece.  No pares el motor de tu vida, dale una tregua, no para desistir, sino para reponerte.  No para claudicar, sino para reparar fuerzas.  No para quedarte parado, sino para revisar detrás de tu horizonte y empezar a configurarte y a planear detrás de la tregua.
El agobio es un polvo que asfixia; la fatiga una niebla que ciega; las tensiones, un estirar que explota; la falta de tiempo un desasosiego que acelera; los contratiempos diarios, pequeños impactos que enervan.  Cuando se acumulen mucho tus nervios y tu resistencia, date una tregua; pero no desistas, no te amargues, no te destruyas; aunque cueste seguir en pie, date una tregua; pero vuelve a crecer, vuelve a cosechar, vuelve luchar; vuelve a la brega diaria, pero sin sombra en el espíritu, sin flaquezas en el ánimo, sin desfallecimiento en el corazón.
Si tienes capacidad para el amor, gratitud en el alma; voluntad para servir, alcance en la inteligencia, de ti mismo brotará la recuperación.  Por alguna de esas corrientes volverán a fluir el deseo, las ganas, el impulso.  Llevas dentro el manantial, la fibra, el motivo que te hará decir; derrumbamiento y derrota: no; un esfuerzo y un Dios: sí.
Y más allá de las fronteras que vives ahora, verás florecer de nuevo tu vida, levantarse de nuevo tu árbol y agigantarse de nuevo tu figura.  Pon tus alas sobre la cabeza, pero déjales espacio para remontarse; pon tus sueños en los pies, pero dales un largo recorrido de huellas divinas; pon tus ambiciones en la tierra, pero mirando el cielo y poniendo la meta en alguna estrella encendida.

Ponte en las manos de Dios; date una tregua para nivelarte, y encontrarás que la vida tiene muchas bellezas y que tienes ganas de vivirla. 

martes, 12 de noviembre de 2013

Y... sueño


En un espejo de agua miró su rostro

Y quiso mirar más lejos,

al tiempo desconocido

a través de la neblina del futuro.

Serró los ojos

Y soñó una historia,

donde las palabras acariciaban,

la paz era un perfume,

y la luz la alimentaba.

Pero nada era así…

Silencio…

Distancia…

Y sentimiento

Fueron para ella la realidad

Y no su sueño.
Rocio

domingo, 10 de noviembre de 2013

Reflejo


El club de los poetas suicidas - Fragmento

25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik deambula en la noche eterna a la que se ha exiliado, sufre cada segundo de lo que otros llaman vida, todo le conmueve y la abruma, nadie comprende el por qué su piel es tan permeable a la desesperación.

Pero allí esté la amargura continua, las rutinas del aire que se empeña en entrar a sus pulmones, el sol que amenaza con levantarse terco sobre un horizonte que ya no sabe distinguir. Quiere huir, de este mundo, de sí misma, de esa conciencia que la hace abrir los ojos y ver de frente las sombras que acompañan a los seres que pueblan su universo de amargura. Toma al frasco de barbitúricos, ese que ha mirado tantas veces en las noche que aturden su silencio. ¿Por qué no? ¿Para qué seguir? ¿Cual| es el sentido en un mundo donde la maldad subsiste a inmola al deseo? Solo una más, piensa hasta quedarse dormida, inconsciente y por primera vez en paz, en esa noche que la oculta para siempre de sí misma.
 


La noche

poco se de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con las estrellas.

 

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,

tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos araña el alma con sus recuerdos.

 

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

sabiéndolas llenas de interés, de desencuentros.

 

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

 

Alguna vez volveremos a ser
 

                                         Pero no en esta vida
 

 
Articulo completo por Mercedes Mayol

Revista Justa de noviembre

 pág. 24
 
 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Siento


Siento en ocasiones, 

Que se va mi fragancia

Que la esencia de mi ser se hace sombría

Que la alegría es solo un sueño

Y la riza el ruido que ahuyenta el silencio

Siento

Que mis motivaciones se desprenden

Como pétalos marchitos

Quedando solo las espinas

Que se hincan en la piel

Siento...

 No quiero sentir

Sintiendo a pesar de mí

 Y sin importar lo que siento

Siento sin querer sentir.
Rocio

Seguidores

Colaboradores