tú que ya habitaste lo que hoy apenas intuyo,
yo te saludo desde este presente que aún se enreda.
Te escribo no para pedir certezas,
sino para recordar que somos una,
aunque la distancia del tiempo nos confunda.
Sé que sabes lo que ahora me desvela.
Sé que caminaste descalza por esta misma duda
y que encontraste tierra firme donde yo veo niebla.
Por eso te escribo:
para que me susurres lo que aún no puedo ver,
para que me sostengas cuando crea que caigo,
para que me enseñes a confiar en la danza invisible de la vida.
¿En qué momento dejé de jugar sin miedo?
¿En qué rincón de mi cuerpo se guarda la ternura que me salvó tantas veces?
Muéstramelo.
No con palabras ruidosas,
sino con señales suaves, con sueños,
con silencios que se sienten como abrazos.
Yo te honro, aunque aún no te alcance.
Te llamo, aunque aún no entienda cómo responderás.
Y me comprometo a abrirme,
a dejar espacio en mi día, en mi noche, en mi pecho,
para que tu verdad me atraviese sin herirme.
Gracias por esperarme.
Gracias por no rendirte cuando yo dudo.
Gracias por seguir siendo yo,
más allá del miedo, más allá del tiempo,
más allá de todo lo que creí imposible.
Con amor profundo,
Rocío,
la que recuerda.
10/05/2025

No hay comentarios:
Publicar un comentario