Si hago algo porque los demás esperan que yo sea de cierta
manera y tenga lo que ellos quieren, estaré viviendo mi vida para complacerlos,
mientras me pierdo yo.
No hay nada más
importante que el que yo sea feliz.
Habrá muchos que
dirán: “Eso es ser egoísta. Hay que
servir a los demás primero.”
La respuesta es que
si yo no me construyo primero, lo que puedo dar son tan solo las migajas de un
ser deshilachado.
“La caridad empieza por casa.” Debo aprender a amarme para poder amar a los
demás.
Cuando yo me
integre, me construya y me fortalezca, podré dar muchísimo y seré de un enorme
valor.
Con eso no digo que
voy a maltratar o malquerer a los demás. Lo que digo es que en este proceso,
habrá momentos en que deba elegir entre complacer a otros o ser leal a mis
creencias y fortalecerme.
En esos casos no
tendré ninguna duda: sigo la dirección de mi integridad, mi alegría y mi
libertad.
Seré feliz
porque habré encontrado el sentido plena
de mi vida.
Así que, critícame
mucho, cuestióname siempre y duda constantemente de mí porque aprenderé a ser
fuerte, real y humana…. Rocío 28/11/2012

No hay comentarios:
Publicar un comentario